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- -Presencia en CONGRESOS :--
El Sr. Jiménez Maruhenda ha comentado por radio lo que fueron las Tres Noches Cósmicas, a mí sólo me resta añadir que si bien las tres me aportaron algo bueno, la primera noche me resultó encantadora. Aquella reunión bajo los pinos y frente al mar, alumbrados por velitas y por el resplandor de las estrellas fue algo inolvidable. Por si todo ello fuera poco, se consiguió una psicofonía donde parecía oirse algo así como música gregoriana. Como son varias las personas que me han pedido les haga llegar el escrito leído la noche cósmica en Aquazul (Alicante) y posteriormente en Ibiza, creo que nada mejor que hacerlo a través de este artículo, que intenta ser un homenaje a tres maravillosas noches. Voy a repetir lo mismo que dije en ambas ocasiones porque es lo que siento y pienso, quizás de forma más intensa debido al magnetismo que esta isla encierra y al hecho de encontrarnos inmersos en esa energía telúrica que se desprende de la tierra, de ese árbol saludable y mágico que es el pino, y de la cadencia musical de las olas. Esta noche en que nuestro ser busca sus raíces en la madre naturaleza y nuestro espíritu intenta elevarse hasta las estrellas, sin duda se produce en todos nosotros la sublimación de los pensamientos más puros y hermosos y el ardiente deseo de traspasar la barrera de lo desconocido e integrarnos en la Armonía Universal. A cntinuación, transcribo mi pequeño mensaje de esperanza cósmica: "La magia que representa reunirse para celebrar una noche cósmica, nos lleva a través del tiempo y del espacio, a hermanarnos con tantos y tantos seres que utilizando distintas denominaciones, también celebraban ceremonias bajo las estrellas, amparados por esa bóveda infinita que es el firmamento, buscando de diversas maneras su integración con el Cosmos. Este deseo que nos viene precediendo, posiblemente desde la misma aparición del hombre en la tierra, sin duda encierra el enigma de nuestra absoluta ignorancia sobre ¿Quién somos?, ¿De donde venimos?, ¿A dónde vamos?. Sin embargo, a pesar de nuestra ignorancia, algo interior y profundo, algo grabado en nuestro subconsciente, nos impulsa a mirar las estrellas, buscando ese cordón umbilical que nos une a ellas y que, por alguna razón desconocida un día se rompió. ¿Quién, en una noche serena, mirando el firmamento, no se ha sentido parte del Universo, no ha percibido esa chispa divina que nos revela un alma inmortal? Yo me he preguntado alguna vez, ¿Venimos de la tierra? o por el contrario, ¿Venimos de las estrellas y volvemos a las estrellas? No hay duda que la materia vuelve a la tierra, pero si hemos de creer que en nosotros hay algo más que materia, ese algo que podemos definir como alma o espíritu y que yo prefiero llamar "energía divina o energía cósmica", esa energía vuelve al Cosmos, reintegrándose nuevamente en ese "todo" al que un instinto atávico nos dice que pertenecemos. Tal vez por seo, el hecho de celebrar una noche cósmica, trasciende nuestra propia personalidad, intentando de alguna manera buscar su lugar entre las estrellas". (Nadia Soledad)
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